Durante este año las raíces de un árbol oscuro y silente se ha ido haciendo con nuestra pequeñas almas, adormeciéndonos en el fango del abatimiento y el malestar. Este árbol se llama la desidia.
Nuestros alumnos de 4º contagiados por este virus mortal, han ido dejando caer sus brazos poco a poco, apenas los pueden mover. Sus mentes dormidas ya nos se preguntan nada sobre la vida. Padres y profesores hemos tratado en vano de despertarlos pero, aunque cada vez hablábamos más altos, sus oído se habían hecho sordos; entonces empezamos a andar por las paredes, por los techos, lo que fuera con tal de llamar la atención de aquellas pequeñas almas dormidas. Nada les despertó.
Uno de los últimos desastres que este virus causó fue el día de la presentación del último proyecto, los alumnos llegaron sin haber preparado apenas nada, aspecto esto que se veía venir dado que días antes habían confundido -presos de la desidia- la clase con el parque de la calle. Intentando no mostrar desánimo, la profesora en cuestión les citó otro día para mejorar su penosa actuación ante aquel público silente, que tampoco mostraba el menor interés por el tema tratado, pero... ¡Oh, no! La desidia se apoderó de nuevo de ellos y olvidaron la cita.
Ante todos estos acontecimientos, la profesora -a quién se la ha visto abatida por los pasillos- decidió volver a realizar la presentación del proyecto cuando los alumnos plantearan que estaban preparados, eso sí, fuera del horario escolar. Desde entonces han pasado más de dos semana ¡Lástima! La desidia los tiene atrapados.
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